dimecres, 24 de setembre de 2008

FREUD: "EL JO HO INCLOU TOT; DESPRÉS D’ELL ES DESPRÉN UN MÓN EXTERIOR"

Una cita de Sigmund Freud ens pot ajudar a pensar el sorgiment del jo i del món:


EL JO HO INCLOU TOT; DESPRÉS D’ELL ES DESPRÉN UN MÓN EXTERIOR


… este sentido yoico del adulto no puede haber sido el mismo desde el principio, sino que debe haber sufrido una evolución, imposible de demostrar, naturalmente, pero susceptible de ser reconstruida con cierto grado de probabilidad. El lactante aún no distingue su yo de un mundo exterior, como fuente de las sensaciones que le llegan. Gradualmente lo aprende por influencia de diver­sos estímulos. Sin duda, ha de causarle la más profunda impresión el hecho de que algunas de las fuentes de exci­tación —que más tarde reconocerá como los órganos de su cuerpo— sean susceptibles de provocarle sensaciones en cualquier momento, mientras que otras se le sustraen temporalmente —entre éstas, la que más anhela: el seno materno—, logrando sólo atraérselas al expresar su ur­gencia en el llanto. Con ello comienza por oponérsele al yo un «objeto», en forma de algo que se encuentra «afuera» y para cuya aparición es menester una acción particular. Un segundo estímulo para que el yo se des­prenda de la masa sensorial, esto es, para la acepta­ción de un «afuera», de un mundo exterior, lo dan las frecuentes, múltiples e inevitables sensaciones de dolor y displacer que el aún omnipotente principio del placer induce a abolir y a evitar. Surge así la tendencia a diso­ciar del yo cuanto pueda convertirse en fuente de displa­cer, a expulsarlo de sí, a formar un yo puramente he-dónico, un yo placiente, enfrentado con un no-yo, con un «afuera» ajeno y amenazante. Los límites de este primitivo yo placiente no pueden escapar a reajustes ulteriores impuestos por la experiencia. Gran parte de lo que no se quisiera abandonar por su carácter pla­centero no pertenece, sin embargo, al yo, sino a los objetos; recíprocamente, muchos sufrimientos de los que uno pretende desembarazarse resultan ser inseparables del yo, de procedencia interna. Con todo, el hombre aprende a dominar un procedimiento que, mediante la orientación intencionada de los sentidos y la actividad muscular adecuada, le permite discernir lo interior (perte­neciente al yo) de lo exterior (originado en el mundo), dando así el primer paso hacia la entronización del princi­pio de realidad, principio que habrá de dominar toda la evolución ulterior. Naturalmente, esa capacidad adquirida de discernimiento sirve al propósito práctico de eludir las sensaciones displacenteras percibidas o amenazantes. La circunstancia de que el yo, al defenderse contra ciertos estímulos displacientes emanados de su interior, aplique los mismos métodos que le sirven contra el displacer de origen externo, habrá de convertirse en origen de impor­tantes trastornos patológicos.

FREUD: El malestar en la cultura (1930), Alianza editorial, Madrid 1970 (1ª). Trad.:R.Rey Ardid
L'obra de Freud (1856-1939), neuropsiquiatra, elabora una nova psicologia i una tècnica curativa basada en la paraula, el Psicoanàlisi, que traspassa els límits estrictes de la terapia per establir els supòsits generals per a la vida mental i cultural del segle XX (J.M.Valverde).
Freud es llegeix molt bé, amb un estil clar i discursiu, malgrat la complexitat dels temes tractats, especialment els més científics. El malestar en la cultura és un breu assaig que pot servir d'introducció a la seva lectura i pensament. Estudia els mecanismes que possibiliten la vida en societat, del preu que l'home ha de pagar pel progrés: el sacrifici de la vida instintiva amb les seves seqüeles, com l’aparició del sentiment de culpa. La cultura planta barreres insalvables contra les pulsions agressives i limita la felicitat individual mitjançant prohibicions públiques. Després, a través de la introspecció (consciència moral) d’aquests imperatius col·lectius, la societat imposa brutalment les seves exigències als individus – el malestar en la cultura. JC.
Foto: JA: Taller de Paco Morales, El cec, 2007.