dissabte, 7 de juny de 2008

KRISTEVA: CULTURA EUROPEA I IDENTITAT


Del llegat cultural europeu plural sorgeix la inquietud identitària, diu Julia Kristeva (Sleven, Bulgària, 1941), semiòloga, feminista, lacaniana i escriptora: Esa herencia es específicamente europea: una identidad cuestionante, inquieta e inquietante, en reconstrucción. Així respon en una interessant i breu entrevista d’Ignacio Vidal-Folch (País 3.vi.08) que gira entorn dels fonaments diversos de la cultura europea, el llegat grec i el bíblic, i la tradició del pensament europeu, a partir dels quals els ciutadans construeixen una manera d’ésser: Y para hacer eso, hay que pasar por la literatura, hay que pasar por el arte. Si lo logramos, habremos creado otro tipo humano. Yo creo que en eso estamos, en la aparición de un individuo multiforme, multilingüe.

- ¿Existe una cultura europea? La idea que me hago de ella es que nuestra idea europea sale al encuentro a las preocupaciones identitarias en las que el mundo moderno esta atrapado. Les conducen a hacerse la guerra, a reprocharse los unos a los otros que no son iguales, que son "diferentes". Contra esa guerra de identidad, la cultura europea propone otra cosa: desvelar que la identidad es fútil, que es superable, que existe pero es totalmente construible y deconstruible. A la pregunta ¿quién soy? la mejor respuesta europea es un punto de interrogación. Eso, claro, no facilita las cosas. Eso es Europa: demostrar que el ser humano es un sujeto complejo. Que la humanidad es la complejidad. Y no rechazarla. Ése el mensaje de Europa y lo que da su turbadora fragilidad y su vigorosa sutileza al destino cultural europeo.
- ¿Cuáles son los fundamentos de esa cultura europea? Unos dicen que es el legado griego. (El pensamiento de Platón en diálogo significa que sólo me puedo entender si soy doble: uno se divide en dos para interrogarse). Otros, la asunción del legado de la Biblia (la declaración del Dios judío "yo soy el que soy" remite la cuestión del "yo soy..." al ser mismo, no a la adscripción a un sexo, clase, etnia... Sugiere: desconfiad de las definiciones que fijan). Otros, la construcción de catedrales. Para otros, es la declaración de los derechos del hombre. (El cogito de Descartes: "pienso, luego existo" significa que mi existencia es mi pensamiento). Para otros, la gran literatura. Según los sondeos, en Francia se cree que Europa reside en sus edificios; en Alemania, que reside en la música y los modos de vida... Yo me atengo al concepto de que tenemos una identidad indefinidamente superable. De ese legado plural sale una cultura europea que no es sólo un uniforme de Arlequín, hecho a pedazos. De esta historia se desgaja una cierta coherencia, que es la inquietud identitaria. Y no veo otro antídoto a las crispaciones identitarias. La única manera de salir de ellas es decir: queridos amigos, pensad en la inquietante extrañeidad que nos constituye. Esa herencia es específicamente europea: una identidad cuestionante, inquieta e inquietante, en reconstrucción.
¿Cómo será el ciudadano europeo del futuro? El concepto de la nación, que es patrimonio europeo, crece desde la Edad Media y cristaliza tras la Revolución Francesa, como reacción al monarquismo absolutista, como reconocimiento del pueblo y valor libertario. Luego deriva en culto nacionalista y mortífero. Hoy tenemos el sentimiento de que este sentido de nación se puede superar y de que en el contexto europeo se puede hacer. Parece una utopía, pero se está creando un individuo europeo que cada vez se hace más multilingüe. Dice Umberto Eco que la lengua europea es la traducción. Estoy de acuerdo, pero traducción no en el sentido de código, de conocimiento de las lenguas para poderlas traducir en sentido comercial, ¡sino como forma de ser! Y para hacer eso, hay que pasar por la literatura, hay que pasar por el arte. Si lo logramos, habremos creado otro tipo humano. Yo creo que en eso estamos, en la aparición de un individuo multiforme, multilingüe.



Il.lustracions: 1 Centaure Quiró. 2. Escher: Cinta de Moebius)